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Un año se dice fácil pero definitivamente no lo es.  El día 2 de mayo de 2016, comenzaron mis primeros pasos para adentrarme en la industria creativa. Sí, conseguí uno de esos trabajos de oficina con horario de 9 a 6 en donde pareciera que te pagan por echar volar tu imaginación. Qué envidia ¿no?  Si mi yo del pasado hubiera sabido que sus garabatos y enunciados mal redactados se habrían de convertir en historias. ¿Hubiera cambiado de parecer? Probablemente no. 

Recuerdo perfectamente lo que traía puesto en mi primer día; un blazer color amarillo mostaza que me había regalado Mister A en mi cumpleaños. En un lunes aparentemente cualquiera y escuchando el mismo programa por la radio, yo requería de la confianza que sólo él me brindaba. Él y mi blazer color amarillo mostaza me hacían sentir que tenía el carácter y gracia acorde a un publicista extrovertido. En una industria en donde no sólo las mejores ideas permanecen sino que también, las que se gritan con más fuerza; ¿habría de encontrarse un espacio para alguien como yo? No era cosa de lástima, era la conjugación entre mi personalidad y mi experiencia lo que me provocaba tal nerviosismo. Cometería mis propios errores, dudaría de mi intuición y probablemente me cuestionaría dos o tres veces mi elección de vida. Todo esto y más se hallaba detrás de la puerta que llaman futuro próximo.  

Durante estos 365 días tropecé con varias barreras y cometí errores que se transformaron en aprendizaje forzoso. Descubrí que no era tan introvertida como yo pensaba, que poseía la habilidad de destruir todos esos nudos en mi cabeza y transmitir de manera precisa mis ideas. Encontré cien adjetivos en el diccionario que definían los momentos de estrés y desarrollé una repentina adicción por el café con lavanda. Conocí personas extremadamente talentosas y cada una de ellas movió una fibra en mi persona, ¡incluso los que permanecieron por muy corto tiempo! Que sobran las enseñanzas si se abre bien los ojos. A media conversación aparecían pensamientos en común y otros como aceite y agua; ¡Pero vamos! ¡Que si opináramos igual sería sumamente aburrido! Balbuceé ideas sin pies ni cabeza y tuve mis primeras batallas con el ego. Volví a garabatear, bocetar y a pensar en respuestas de mil interrogantes que me harían el día de mañana. Y en esos momentos en donde la ansiedad planeaba hacer su paseo de rutina, me ponía a hojear mis viejos cuadernos de la universidad. Ahí aguardaba la juventud, su ambición y el olor distintivo de lápiz 4B. En donde le escribía versos a Mister A y esbozaba, sin querer, los primeros indicios de mi presente. 

Pongo sobre la mesa mis logros y no puedo evitar sonreír, tal vez no tenía esa personalidad exorbitante pero sí una sed y motivación de aprender. Fueron semanas de ser autodidacta y de recurrir a Mister A cuando algo me hacía dudar. Hoy en el calendario se marcó mi primer año y algo me dice que todo era parte del plan. Él y el blazer color mostaza cumplieron su cometido. Desde ese día y en adelante, mis primeras huellas se convirtieron en pasos firmes. 

Con amor y para siempre
Bibiana

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